DEVOLVER EL NOMBRE A QUIENES YA ESTABAN
Cada cierto tiempo, Europa vuelve a discutir lo mismo como si fuera nuevo: qué hacer con quienes viven entre nosotros sin papeles. Se habla de leyes, de fronteras, de amenazas abstractas. Rara vez se habla de personas. Y, sin embargo, la regularización aprobada esta semana en España no inaugura nada extraño: se limita a reconocer una realidad que ya existe. La regularización aprobada esta semana por el Gobierno español se inscribe en esa tradición. Conviene subrayarlo desde el inicio: no crea migración, sino que reconoce una realidad existente. Personas que viven aquí desde hace años, que trabajan —muchas veces en condiciones precarias—, que cuidan, limpian, construyen y sostienen sectores enteros de la economía, pero a las que el sistema mantiene en un limbo jurídico. Invisibles para la administración, aunque imprescindibles para la vida cotidiana. España y Europa lo han hecho antes. Italia, Portugal, Francia. España en 2005. No fueron gestos excepcionales ni saltos al vacío...