EL ABRAZO DEL OSO
Reconozcamos que no vivimos unos tiempos especialmente lúcidos con la escaleta vital de esta existencia tan dolosa socialmente. Pasamos diariamente las páginas de nuestra historia con cierto desprecio de lo que se cuenta y de quien nos lo cuenta. Nos envalentonamos con las migajas de los estereotipos para creernos en la sabiduría maximalista y facilona. Y retrocedemos los pasos para seguir inoculando el cabreo por aquello de seguir volando por encima de las cabezas de los otros. Así termina una semana repleta de esas concentraciones esbeltas de virtuosismo y tan avaladas por todos a partir de la libertad de expresión tan propia de nuestras democracias. Una expresión que no siempre responde a la libertad inclusiva que validaría nuestro pensamiento constitucional. Muy al contrario, expulsa de la triada a quienes deslomamos con el griterío del insulto y la codicia del pasado. Ya lo explicaba el escritor uruguayo Eduardo Galeano señalando que “confundimos la libertad de expresión co...