LA GENTE DE BIEN
Decía Eduardo Galeano que “el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”. Un reflejo real al que le falta el contexto de sus consecuencias tan desiguales. Llevamos tanto tiempo anclados en ese modelo polarizado y encadenado al burdo insulto como arma de razonamiento, que estamos olvidando demasiadas realidades que nos devoran el aliento de la certeza. Utilizamos la disección de las estadísticas para corregir al contrario con el único fin de extrapolar consecuencias para el beneficio de parte, por aquello de seguir ganando el discurso que interesa. De ahí las posiciones tan inquebrantables para negar la realidad a pesar del atropello de los hechos. Y en medio de todo, afinamos el doble filo de los conceptos que parecen iguales pero no lo son. La utilización de la palabra sigue siendo el desgarro más profundo de la realidad. No es lo mismo violencia familiar que violencia de género. No es lo mismo justicia social que la cult...