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LA VIVIENDA QUE LLEGA A LAS URNAS

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  La vivienda ha dejado de ser una preocupación más para convertirse en una frontera política. A un lado están quienes todavía pueden pagarla y al otro, quienes trabajan, cobran un salario y, sin embargo, no consiguen encontrar un lugar donde vivir. Las calles españolas volvieron a llenarse este fin de semana. Más de 50 ciudades acogieron movilizaciones después de que el Congreso tumbara los dos decretos de vivienda del Gobierno. Y mientras la vivienda se convierte en protesta, Pedro Sánchez se enfrenta a la posibilidad de adelantar las elecciones. El punto de inflexión es importante. La vivienda puede acabar llegando a las urnas después de haber llegado a las plazas. Pero para entender cómo hemos llegado hasta aquí hay que mirar bastante más atrás. Una cuestión de décadas España no inventó los fondos de inversión inmobiliaria con Pedro Sánchez. Tampoco una sola ley convirtió las casas en mercancía financiera. El proceso fue más largo.  Desde la liberalización de los alquilere...

LA VIVIENDA NO ES SOLO MERCANCÍA

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Las protestas de estos días vuelven a colocar en el centro una pregunta que llevamos demasiado tiempo intentando resolver únicamente con el lenguaje del mercado. Precios, alquileres, hipotecas, oferta, demanda, inversión. Pero detrás de cada porcentaje hay personas que buscan una casa donde vivir y que empiezan a descubrir que tener un lugar estable en el mundo puede convertirse en un privilegio. La Constitución reconoce la propiedad privada en su artículo 33. Pero el mismo artículo establece que su función social delimita su contenido. Y el artículo 47 reconoce el derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada y encomienda a los poderes públicos promover las condiciones necesarias para hacerlo efectivo. No son derechos enfrentados. Son dos dimensiones que deben convivir. Una vivienda puede ser una propiedad, una inversión o un patrimonio familiar. Pero también es el lugar donde una persona duerme, crecen sus hijos, envejecen sus padres, se construyen vínculos y se desarrolla bue...

EL VIENTO QUE TODO LO PUEDE

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 Cuando quienes deberían cuidar la palabra pública convierten la descalificación en argumento, el debate democrático pierde profundidad y la ciudadanía queda atrapada en el ruido Vivimos una actualidad llena de palabras que dejan de ser herramientas sociales para convertirse en armas destructivas. Se lanzan desde una tribuna parlamentaria, se repiten en una rueda de prensa, se recortan para las redes sociales y terminan circulando como pequeñas piezas de una batalla que parece no tener descanso. El insulto ha dejado de ser, en demasiadas ocasiones, un desbordamiento puntual de la política para integrarse en su lenguaje cotidiano. Como un viento desbordado que deja un panorama social excesivamente resquebrajado para intentar reconstruir el respeto y la apariencia de libertad. Y claro que la crítica es necesaria, porque el desacuerdo forma parte de la democracia. La denuncia de una mala gestión, de una decisión injusta o de una responsabilidad política no solo es legítima, sino impre...

LA POLÍTICA DE LOS MENSAJES FÁCILES

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  Vivimos rodeados de palabras. Llegan desde las pantallas, los teléfonos, los periódicos, las radios, las redes sociales. Nos despiertan con ellas y nos acostamos con ellas. Palabras que informan, que convencen, que manipulan, que indignan, que prometen. Palabras que cada día parecen tener menos tiempo para ser leídas y demasiado poder para no ser comprendidas. Los datos de PISA sobre comprensión lectora forman parte de esa realidad. Sus cifras ofrecen una señal sobre una capacidad que resulta mucho más importante de lo que solemos reconocer. Comprender un texto no consiste únicamente en descifrar las palabras. Significa seguir un razonamiento, distinguir una evidencia de una opinión, relacionar informaciones, descubrir contradicciones y entender también aquello que no aparece escrito. Quizá por eso la lectura tenga una dimensión política que a menudo olvidamos. Mientras la realidad se vuelve más compleja, el lenguaje con el que intentamos explicarla se hace cada vez más pequeño. ...

LAS ASIGNATURAS PENDIENTES DE UN VERANO EXTREMO

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   Calor extremo, incendios, vivienda, turismo, sanidad, migración, desigualdad, violencia machista y desinformación han formado parte de la conversación pública de estos meses. Demasiados temas para llevar a cabo un balance en esta nueva temporada. Tal vez, deberíamos considerar como asignaturas públicas las que nos lleven a un otoño más constructivo y efectivo ante los problemas colectivos que deberían ser tratados desde la política democrática de propuestas y debate público Calor, fuego y adaptación Las temperaturas extremas han dejado de ser una excepción. El calor afecta especialmente a las personas mayores, a quienes trabajan al aire libre y a quienes viven en viviendas poco preparadas, pero también condiciona cultivos, servicios públicos y actividad económica. El cambio climático ya no es únicamente una cuestión ambiental. Tiene consecuencias sociales y económicas que obligan a revisar cómo protegemos a la población. Por otra parte, los incendios han vuelto a mostrar ot...

LA ÉTICA PERIODÍSTICA COMO ESENCIA DEMOCRÁTICA

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  En tiempos de ruido, cuando la información circula a una velocidad que desborda en muchas ocasiones la capacidad de verificación, conviene detenerse en una idea incómoda. No todo lo que se publica es periodismo. Y, sin embargo, casi todo lo que se consume como información termina influyendo en la forma en que entendemos el mundo. En ese terreno incierto, la ética periodística deja de ser un asunto interno de la profesión para convertirse en una cuestión profundamente pública. El periodismo no nació para llenar espacios ni para alimentar titulares fugaces. Surgió como una forma de mediación entre los hechos y la ciudadanía, como un ejercicio de responsabilidad frente a una realidad cada vez más compleja. Walter Lippmann entendió pronto que las sociedades modernas necesitaban algo más que información en bruto. Necesitaban profesionales capaces de ordenar el caos, de distinguir lo relevante de lo accesorio, de ofrecer contexto donde otros solo ofrecían estridencia interesada. S...

LA PAUSA NECESARIA EN TIEMPOS DE RUIDO

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  Hay una escena que se repite cada día en millones de teléfonos móviles. Un vídeo de apenas treinta segundos. Un titular incendiario. Una frase descontextualizada. Un mensaje que provoca indignación antes incluso de terminar de leerlo. Compartimos casi por impulso, convencidos de que estamos difundiendo una verdad que otros pretenden ocultar. Quizá ese sea uno de los grandes cambios de nuestro tiempo. La desinformación ya no necesita inventar grandes mentiras. Le basta con alimentar emociones. Durante años hablamos de las noticias falsas como si el problema consistiera únicamente en distinguir lo verdadero de lo falso. Hoy el desafío es mucho más complejo. La desinformación también se construye seleccionando solo una parte de la realidad, exagerando un dato, ocultando el contexto o convirtiendo un caso excepcional en una supuesta norma. No siempre engaña porque mienta, sino porque lo simplifica. Los estudios sobre comunicación política coinciden en señalar el crecimiento de la lla...