EL PRECIO DE LAS ARMAS, EL SILENCIO DE LAS PALABRAS
Hay frases que no describen el mundo, sino que lo ordenan. Lo colocan en filas, lo dividen en buenos y malos, en quienes cuidan a su gente y quienes la abandonan. La reciente declaración del secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, pertenece a esa categoría: “Irán gasta en armas en lugar de cuidar a su población.” Dicho así, parece una verdad sencilla. Casi doméstica. Señalar que Irán “gasta en armas en lugar de cuidar a su gente” no es solo una crítica geopolítica; es, sobre todo, un intento de situar la superioridad moral en el terreno económico. Una narrativa que simplifica, reduce y, en la mayoría de los casos, oculta más de lo que explica. “Todas las guerras son, en esencia, guerras contra los civiles”, escribió Noam Chomsky. Y en esa frase cabe una verdad incómoda: que los discursos sobre seguridad suelen construirse lejos de quienes pagan su precio real. Porque cuando se habla de armas, se habla también de hospitales que no se construyen, de escuelas que se posp...