LA POLÍTICA DE LA SOSPECHA PERMANENTE
Las democracias siempre han convivido con la crítica. Es más, la crítica constituye uno de sus principales mecanismos de salud. Los ciudadanos cuestionan a sus gobernantes, los medios fiscalizan al poder, los tribunales revisan decisiones administrativas y los parlamentos debaten y confrontan ideas. Nada de ello representa una anomalía; al contrario, es precisamente la expresión de una sociedad libre. Sin embargo, en los últimos años parece haberse instalado una dinámica diferente. Ya no se trata únicamente de discutir decisiones políticas o de cuestionar actuaciones concretas. Lo que está en juego es algo más profundo: la propia legitimidad de las instituciones que sostienen el sistema democrático. La estrategia se repite con inquietante frecuencia. Cuando una resolución judicial no favorece los intereses propios, se cuestiona la independencia de los jueces. Cuando una investigación periodística resulta incómoda, se desacredita a los medios en su conjunto. Cuando los resultados e...