LA CRUZ QUE LEVANTA EL MUNDO
Cada primavera, las calles de tantas ciudades se llenan de pasos, de silencio y de un dolor ritualizado que parece pertenecer a otro tiempo. Es esa Semana Santa que convierte el sufrimiento en memoria compartida: un hombre inocente, condenado por el poder, ejecutado ante una multitud que oscila entre el miedo y la indiferencia. Es un relato antiguo, pero no ajeno. Mientras las imágenes avanzan entre cirios y tambores, el mundo vuelve a parecerse demasiado a ese escenario: la misma indiferencia, pero también el mismo miedo. La reciente escalada de la guerra en Irán ha reactivado una lógica conocida: la del enemigo absoluto, la del castigo preventivo, la de los daños colaterales que siempre acaban teniendo nombre y rostro. Las cifras —con demasiados muertos, desplazados y ciudades heridas— corren el riesgo de volverse abstractas. Pero lo cierto es que detrás de cada número hay vidas interrumpidas, familias deshechas e historias que no llegarán a contarse. En paralelo, al otro lado ...