LA CONCIENCIA PROPIA
Decía André Malraux, político y escritor francés, que había aprendido que “ una vida no vale nada, pero nada vale una vida ”. Y es cierto que en el momento en que maximizamos lo importante, decaen muchos estereotipos vitales de nuestro ordenamiento diario. Asumamos que el reciente tiempo de confinamiento nos dejó en un letargo social de reencuentros con nosotros mismos, en una mezcla de reflexiones fundamentales y miedos enganchados a un futuro tan incierto como perecedero. A pesar de ese deseo universal de salir mejores, más fuertes y más solidarios, hemos ido desinflando esa vieja retaguardia que siempre sueña con un mundo mejor. Y esos miedos han sido un buen caldo de cultivo entre quienes saben de la propaganda indocta para con las masas, para conquistar batallas partidistas y, a diferencia del autor de La Condición Humana , dejar de buscar los elementos positivos en el bien común y reubicar esa negatividad excluyente que deja siempre por remontar las peores heridas de la ...