LA ETIQUETA DEL INSULTO
Llevamos demasiado tiempo con esa táctica febril del y tú más en el ámbito común donde nos deberíamos condicionar todos a su desprecio. En un principio nos acostumbramos a ese feedback televisivo donde la mordacidad de los contertulios se aplaudía a partir del señalamiento personal hacia el mensaje contrario. Así se alejaba el razonamiento y la confrontación de ideas y posiciones aniquilando la posibilidad de nuevas propuestas que confluyeran socialmente. Se hizo demasiado popular la cita en el debate semanal, aupando el encontronazo furibundo entre posicionadores profesionales donde la tendencia era la afrenta o el descrédito físico del otro. Una artimaña donde solamente ganaba el nivel de audiencia, por aquello de pasar al bloque de publicidad. A consecuencia de esta mala retórica mediática, reconozcamos que esa sutileza estratégica donde ya no se diferencia la opinión del insulto ha tomado el mando de eso que siempre defendemos como la opinión pública. Posiblemente, de e...