UNA NAVIDAD CON INTENCIÓN EN UN MUNDO DE TENSIÓN




 “Haz que esta Navidad se parezca más a ti: auténtica, imperfecta, pero llena de intención”. La frase, aparentemente íntima, resuena este año con una fuerza política y ética inesperada. Porque celebrar la Navidad en 2025 no es un gesto neutro. Lo hacemos en un mundo atravesado por guerras que no cesan, por democracias bajo presión y por una desigualdad que se normaliza mientras se envuelve en luces y consignas de consumo.

La actualidad internacional no da tregua. Gaza sigue siendo una herida abierta ante la pasividad de buena parte de la comunidad internacional. Ucrania encara otro invierno marcado por la guerra y la fatiga diplomática. En Estados Unidos y en varios países europeos, el avance de discursos autoritarios y excluyentes ya no se disfraza: se presenta como alternativa política legítima, banalizando el odio y erosionando derechos conquistados durante décadas. Y de esta forma, la Navidad llega en un contexto incómodo, donde la tentación de mirar hacia otro lado compite con la necesidad ética de no hacerlo.

Por eso, hablar de una Navidad “auténtica” no puede reducirse a una estética ni a una emoción individual. La autenticidad para este tiempo pasa por reconocer la fragilidad del momento histórico y decidir qué lugar ocupamos en él. No hay celebración inocente cuando miles de personas pasan estas fechas bajo las bombas, en campos de refugiados o atrapadas en sistemas que les niegan lo básico: seguridad, dignidad, futuro.

También es una Navidad inevitablemente “imperfecta”. Lo es porque no tenemos respuestas sencillas ni soluciones inmediatas. Porque la solidaridad convive con la impotencia. Porque sabemos que donar, compartir o indignarnos no cambia el mundo de un día para otro. Pero asumir esa imperfección no significa rendirse, sino todo lo contrario: implica actuar sin la comodidad de la épica, desde lo cotidiano, desde lo posible. Así somos cada uno de nosotros, desde la imperfección que surge como la necesidad de volverlo a intentar.

Y ahí entra la palabra clave: intención. Tener intención es elegir con conciencia. Es decidir qué discursos amplificamos y cuáles no. Es apostar por medios de comunicación rigurosos en un tiempo de desinformación global. Es sostener políticas públicas que cuiden, incluso cuando el ruido pide recortes y una extraña mano dura para los de siempre. Es recordar que los derechos humanos no son un adorno retórico, sino una obligación concreta, también y especialmente, en tiempos festivos.

Quizá esta Navidad no pueda ser feliz en el sentido clásico. Pero puede ser honesta. Puede ser una pausa para reafirmar valores democráticos, para practicar una solidaridad que no sea caridad puntual, para entender que lo que ocurre lejos también nos define. 

Hacer que esta Navidad se parezca más a nosotros no es mirarnos al ombligo, sino preguntarnos qué clase de sociedad queremos seguir siendo cuando se apaguen las luces. Celebrar con intención, hoy es un acto profundamente político. Pero lo más importante, profundamente humano. 

Así que ,a pesar de todo, Feliz Navidad a todos los lectores que nos siguen cada día desde la buena y única intención de seguir informados. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

EL HÁBITO OLVIDADO

LOS INVIERNOS DORMIDOS

CUANDO LA VERDAD SE DISFRAZA DE MENTIRA