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Mostrando entradas de 2020

LA COMPLICIDAD DE LA NAVIDAD

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Mientras continuamos debatiendo desde lo público la importancia de las celebraciones en estos próximos días venideros, seguimos cabizbajos, meditabundos ante las decisiones que debemos tomar cada uno de nosotros sobre la responsabilidad individual que nos toca. Horas de discusiones sobre medidas obligatorias, restricciones y demás cuestiones que nos alejen de la siguiente ola de esta pandemia que cambiará de año al igual que nosotros. Nadie debería minimizar lo poco recomendable de reuniones masivas y familiares. Al final hemos creado el gran drama mundial sobre la idoneidad o no de celebrar por todo lo alto estas fiestas entrañables que una vez al año nos hacen, como siempre, más amables y más felicitadores de lo habitual. Toda una demostración de amor inmenso que se olvida de sus orígenes y nos hace cómplices de cualquier anuncio navideño televisivo. Desde aquello de vuelve a casa, vuelve… hasta el convertirnos en elfos ante las puertas de cualquier gran comercio, coincidiremos en q

EL FILÓSOFO RISUEÑO

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Decía Demócrito de Abdera que “ todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa ”. Y con esa media sonrisa con la que se recuerda el semblante del filósofo risueño parece que nos quedamos nosotros mismos en estos tiempos tan incesantes de malos modelos y excesivas chanzas para con lo que nos preocupa en estos andares cotidianos. Nos embelesamos con la diversidad de escenarios visuales que nos repiquetean en la televisión, con esos photocall mediáticos donde se fanfarronea de demasiadas cosas y con caras tan agradecidas de conocerse a sí mismos. Todo un empeño para este marketing diario del anecdotario actual que poco servirá para la historia de nuestro tiempo, basado en aquello de la arrogancia de quienes hablan de todo sin escuchar a nadie. Toda una semana hemos tenido para equiparar inauguraciones de instalaciones vacías con la aprobación de los presupuestos, que en fondo y forma van a condicionar nuestra vital entrada en la desescalada económica de nuestro

SAQUEADORES DE FELICIDAD

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Decía Theodore Roosevelt que “la comparación es el ladrón de la felicidad”. Hermosa manera de entender un dicho tan propio de nuestra jerga nacional por aquello de lo odioso de las infinitas equiparaciones rutinarias. Probablemente, si lo compensáramos con la posibilidad de ser infelices en lugar de odiar, más de uno habría olvidado esta riqueza de vanidades en la que diariamente nos encontramos. Vivimos en el hábito de cotejar lo que somos con lo que son los demás, confrontar políticas desde la negatividad de los maximalismos de unos y otros y seguir la estrategia comunicativa desde los medios de comunicación social como terapia de autoafirmación. De esta forma, siempre tenemos de aliado la molestia de aquello que hace y piensa el contrario para seguir en la comparativa ideológica de nuestro mantra personal. Toda una perfecta espiral de estereotipos infinitos donde centrifugar lo peor posible las ideas y propuestas que deberían acompañar las buenas intenciones colectivas. Se va desarm

AGÓN

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Decía JFK que “no podemos negociar con aquellos que dicen, lo que es mío es mío y lo que es tuyo es negociable”. Sin duda, el arte de la negociación ha sido siempre imprescindible para las grandes batallas de este mundo, que por viejo sabe más que por diablo. Nuestro país sigue crujiendo entre el freno al desastre sanitario y el pozo sin fondo en el que parece seguir ahondando esta economía tan nacional, que siempre espera hasta el último momento en su inmovilidad de cara al futuro. El actual artisteo político que tenemos sigue recabando los mismos tics de parcialidad en la que anudan las razones, sus razones, basadas únicamente en lo contrario por serlo, sin más. Para ello siempre contarán con los altavoces bravucones de quienes ronronean diariamente en eso de crear la opinión pública de la totalidad. No hay mejor encabezamiento para el argumentario actual que la tal mayoría de todos, como un ente cúbico donde nos introducen en ese pensamiento unilateral para echarle una mano al

EL RUIDO QUE NO CESA

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Parafraseando el título de uno de los poemarios más conocidos de Miguel Hernández, el grandilocuente ambiente que vivimos en nuestro país se parece a ese amor no correspondido que hilvana tantos afectos incomprendidos y desesperados que parecen abocarnos a un dramatismo que impregna cualquier reflexión de nuestros sesudos opinadores y desde las mil y una paparruchas que podemos encontrar en las tendencias digitales. Si alguien tenía la más pequeña duda sobre nuestro pase de fase en este oleaje pandémico, ya tenemos la confirmación oficial de que estamos en medio del chapuzón sanitario en cuestión. Como en otras problemáticas colectivas, nuestra sociedad comienza a ponerse la armadura de tantas cifras y decisiones descoordinadas que, ciertamente, no ayudan a saber exactamente lo que tenemos que hacer. Eso sí, una justificación bastante pobre ante el repiqueteo cotidiano de unas cuantas medidas diarias individuales a tener en cuenta para garantizar un alto nivel de protección. Llevamos

EL TREN DE LAS OPORTUNIDADES

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  Decía el padre de Pigmalión y Premio Nobel irlandés, George Bernard Shaw, que "Algunas personas miran al mundo y dicen ¿Por qué? Otras miran al mundo y dicen ¿Por qué no?". Todo un juego de palabras para explicar esa posición que tomamos en la vida para afrontar el despertar diario, importante en lo individual pero especialmente imprescindible en lo colectivo. Toda una declaración de cómo nos encontramos en este desempeño social por parte de quienes nos representan en las instituciones y en todo lo público, es decir, en lo de todos nosotros. Septiembre ha llegado para quedarse en su tiempo limitado y encaminarnos a la antesala de un otoño crítico advertido por todos. Y en esa totalidad coinciden cualquiera de las facciones que conforman nuestro espectro comunitario. Retomamos la vida laboral con la incertidumbre en fondo y forma, con esa sensación dubitativa sobre nuestra seguridad sanitaria, pero también sobre el futuro de nuestro empleo, de nuestros sueldos, de nuestra

LA TEORÍA DE LA ESTUPIDEZ

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  Decía el padre de Tom Sawyer, el escritor Mark Twain, que " n unca discutas con un estúpido, te hará descender a su nivel y ahí te vencerá por experiencia" . Viendo el complejo mundo en el que nos encontramos , sinceramente, debemos andar muy cerca de las famosas cloacas que tan mediáticas se han hecho en esto s últimos tiempos. Dejando el ombligo patrio de lado, con la sensación de obturación irracional que poco a poco vamos consiguiendo, resurge la des esperanza por terminar este 2020 tan fatídico en el equilibrio necesario ante los grandes retos que envuelven nuestras manos. Siendo del bando social más numeroso, es decir, de esa gran parte de la ciudadanía sin demasiad a afección a c ualquier t otemismo político , me resulta bochornoso el juego de trileros que nos ofrecen todos los días los que se envalentonan con las medias verdades, que finalmente siempre resultan ser la guinda de tantas mentiras. Reconozco que cuando observo a tanto erudito de las ciencias mé

EN BUSCA DEL SABIO LOCO

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A pesar de la nueva o futura normalidad, este mes de agosto es tan nuestro que el que más y el que menos ce ntellea de veraneo insaciable en nuestro país. Tanto es así que, finalmente, desde la clase política, gobiernos y hasta eméritos han puesto pi e s en polvor osa como quien mira hacia otro lado ante la escena más tensa de un thriller cinematográfico. Y es que los seres humanos necesitamos de resortes para huir de e sas realidades que c omo encrucijadas t ratan de romper nuestro camino y esfuerzo vital. Es la diferencia con otros organismos, incluyendo los ya tan conocidos virus, que su constancia los hace sobrevivir a todo y a todos. Posiblemente este mes tan estival va a convertirse en la punta angular de nuestras propias vergüenzas. Reconozcamos que nos hemos cansado de ser disciplinados e jerciendo la responsabilidad individual ante esta pandemia que, por su puesto, no sabe de descansos ni veraneos. Nos cuesta hasta mantener la boca tapada y pensar en el que tenemos en

EL MURMULLO DE LOS DÉBILES

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Decía nuestro dramaturgo internacional Jacinto Benavente que “Una idea fija siempre parece una gran idea, no por ser grande, sino porque llena todo un cerebro”. Se me antoja que algo parecido hemos estado haciendo durante estas últimas décadas. Acostumbrarse a ese pensamiento único que parece ir cegando el sentido crítico de lo que somos y sentimos. Toda una depreciación para esta sociedad que construimos y que, últimamente, desorienta la eficacia que supone compartir diferencias para construir caminos diversos hacia destinos más exquisitos. Y no será porque los días y las noches de este ya excesivamente envalentonado 2020 no nos den motivos para reordenar la convivencia y reflexionar sobre aquellas soluciones costumbristas que ayuden a innovar algo más de lo que tenemos. Muy al contrario, revivimos las horas del día anterior donde vuelven a repetirse titulares desinformadores o donde nuestros políticos aderezan su discurso aprendido para responder por peteneras ante la obligada la

LA PIEZA CLAVE DE LA FRUGALIDAD

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"Mañana tal vez tengamos que sentarnos frente a nuestros hijos y decirles que fuimos derrotados. Pero no podremos mirarlos a los ojos y decirles que viven así porque no nos animamos a pelear". Así explicaba Mahatma Gandhi esa imprescindible lucha presente desde la responsabilidad po r el futuro que nunca viviremos. Esa necesidad de vadear miles de dificultades para que otros, posteriormente, crucen este charco de obstáculos y continúen en sus propias batallas vitales sin la pesadumbre de arrastrar aquellas que nosotros no supimos o no quisimos ganar . U n resumen simplificado de lo que debería pasar por las mentes de todos los dirigentes europeos reunidos este fin de semana ante la imprescindible toma de decisiones s obre l a precaria situación económica que ya tenemos encima, y que, como una gran ciclogénesis, podría a crecentar el rebrote de situaciones nada agradables para nuestro equilibrio laboral y el empuje de un necesario c olchón social que nos

LA MERCANCÍA DEL GÉNERO

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Ya lo indicaba mi querida y leída Virginia Woolf cuando ya a principios del siglo XX, empoderada desde su propia capacidad profesional, se asombraba de lo difícil que era la aceptación del feminismo en la sociedad que compartía. De ahí esa hermosa reflexión de que “la oposición masculina a la independencia femenina es quizá más interesante que la independencia en sí”.  Al fin y al cabo, y guste más o menos la reflexión, el problema de la desigualdad ha sido y sigue siendo una cuestión de género, más allá de diferencias sexuales, porque ahí radica el concepto social de funciones y actividades que son convencionalmente atribuidas a cada uno. Y ahí es donde encontramos el problema, desde la violencia hasta las oportunidades vitales.  Este es el necesario cambio de comportamientos estancos tan acordes con las condiciones sociales de cada momento y tan olvidados de todas las revoluciones. La construcción social que se hace en cada época sobre el género ha sido, precisamente, la asig