LA COARTADA DE LA RECONSTRUCCIÓN
Decía la filósofa y querida apátrida Hannah Arendt que “reconstruir no es volver al punto de partida, sino crear un lugar nuevo donde pueda habitar la esperanza”. Una sencilla forma de entender la reconstrucción como un acto político de natalidad, de comienzo y, desde luego, de perspectiva. Es difícil analizar desde esta confianza la realidad que nos rebate el optimismo y la fe en una sociedad que, a veces, corrompe demasiados valores en los que seguir creyendo. Mucho más cuando la estrategia del político mediocre espabila en repeticiones incesantes de su propia reconstrucción.
Más allá de los agoreros de siempre, debilitar el sentido de la justicia, la veracidad y la búsqueda de los hechos que alimenten el argumentario humanista nos dejan desesperadamente en una lucha feroz por el relato. Y aquí llegan los mejores vendedores de situaciones, creencias y objetivos que desmerecen en exceso la realidad para seguir rotando en esta noria donde la vanidad de unos cuantos se ha visto crecida en el esperpento de la mentira fácil y maliciosa.
Tal vez sería el tiempo de no desear siempre ese volver a puntos de partida que sirvieron para errores pasados, dando servilismo a quienes se creen honrados por el perdón de su nefasta gestión. Mientras tanto, la gran mayoría de la ciudadanía, esa que sigue en silencio y levanta los días y sus mañanas, sigue esperando ese nuevo lugar donde habitar desde la construcción de algo que valga la pena. Una estrategia que algunos, muy a nuestro pesar, la barnizan con moralinas que saben a ruptura con el presente, por aquello de seguir vendiendo tantos pasados despreciables.
Nuestro tiempo, siempre tan limitado, juega en contra de nuestra capacidad para entender tanta pericia de un sin fin de liderazgos, olvidando la construcción de una etapa nueva que reunifique la ilusión de muchos silencios por el simple hecho de intentar coexistir mejor y dejar vivir en paz.
Como bien explicaba Arendt, “cada generación debe reconstruir el mundo que hereda; lo injusto sería vivir entre los restos sin intentar repararlos.” Y claro, nuestra herencia se nos está quedando demasiado enquistada entre binomios para tapar los ojos a una realidad que se nos hace difícil de abarcar. A lo mejor nos hemos acostumbrado a vivir entre los restos de lo que nos quieren contar, renunciando a nuestro inseparable destino. Y de ese, algunos todavía querrán reconstruirse a cuenta de cada uno de nosotros.
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