LOS OLVIDOS DE LA LEY

 



Decía el filósofo y político francés Montesquieu que “una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa.” Una razón determinante del autor de El espíritu de las leyes que evidenciaba lo difícil de separar los poderes ya en el siglo XVIII, y que a pesar de todo lo vivido y desvivido, parece que seguimos aletargados en los sinónimos simplistas de lo bueno y lo malo.

Es desalentador revivir a todo color a los perdonavidas de siempre que regresan al candelero sociopolítico para aniquilar, una vez más, la destreza de la ciudadanía por aquello de desmemoriar ya no solo los pasados, sino los presentes que recelan de futuros impropios. 

Si todavía tenemos dudas sobre el huevo y la gallina, aceptemos que darle validez a los hechos desde la justicia nos deja una sensación de desazón entre formas torticeras para germinar en una opinión pública que se debilita de tanto hostigamiento.

Reprochamos la falta de pericia de quienes nos representan, pero repartimos incorrección ante la realidad que vivimos, asumiendo ignorancia y perdonando el despropósito del político de nuestra mesa camilla particular.

Es insuperable la actitud de tabla rasa con la que podemos justificar nuestra falta de valentía para diseccionar razones y hechos, dejando a la intemperie las responsabilidades públicas y cayendo en unos cuantos cuentos estereotipados.

Somos capaces de arruinar nuestra realidad con falacias que solamente crean el despropósito de los cínicos, olvidando todo lo conseguido generación tras generación.

Reconozcamos que tampoco ayudamos los medios de comunicación, mirándonos de reojo unos a otros, mientras los avispados del catering democrático nos rodean de la propaganda como empresa donde servir al mejor postor.

Poco nos pasa en esta profesión tan integrada a la vocación personal para seguir jugando con los códigos que nos han salvado siempre de la estirpe de los autócratas.

Posiblemente seguiremos suspirando este incipiente otoño, donde algunos le ponen cara de oportunismo con la esperanza de triturar los malos sueños de su propio descrédito. Lo preocupante es que, a diferencia de lo dicho por Montesquieu, terminaremos creyendo que la ley nos dará razones para creer en las cosas que nunca fueron ni serán justas ni ciertas.





Comentarios

Entradas populares de este blog

EL HÁBITO OLVIDADO

LOS INVIERNOS DORMIDOS

CUANDO LA VERDAD SE DISFRAZA DE MENTIRA