LA INSENSIBILIDAD PELIGROSA
En nuestro país tenemos una gran ejemplaridad sobre despersonalizar las heridas del pasado para recurrir a contextos inflamados que no corresponden a la realidad y a sus víctimas. En nuestra historia, demasiado reciente aunque bastante olvidada, tenemos ejemplos poderosos de la persecución ideológica del que piensa diferente como escarnio de tantos inmovilistas que siguen abanderando una creencia siempre basada en el sentimentalismo que tanto nos encierra en la posverdad de cada día.
A pesar de las décadas violentas que han vivido la cronología de todas las civilizaciones, parece que tenemos la capacidad de oscurecer todo aquello que no interesa para aplaudir ese inmerecido enfado que solo representa nuestra propia indiferencia. Somos capaces de irritar nuestra capacidad crítica con lo que digan unos y otros, pero desmerecemos a nuestros propios ojos ante la atrocidad de la violencia por aquello de justificar los bandos que nunca cuentan toda la verdad. Retorcemos los conceptos para seguir despreciando los derechos humanitarios que siempre salvan a todas las corrientes respetando el pensamiento y la posición de unos y otros.
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